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¿Quién tiene la pelota?

7 Jun 2026 | Opinión

Por Wiochi Simeón

La sociedad suele preguntarse quién tiene hoy la pelota política. Y cuando hablamos de quién tiene la pelota, inevitablemente volvemos a una imagen conocida por muchos: la del barrio.

Cuando llegaba la hora de jugar al fútbol en la canchita, todos esperaban al dueño de la pelota. Sin pelota no había partido. El dueño decidía cuándo empezaba el juego y, muchas veces, también influía en quién jugaba y quién no.

Tener la pelota era tener poder. Durante décadas, la política argentina funcionó de una manera similar. Existían dirigentes, estructuras y partidos que concentraban el poder de decisión.

Eran quienes armaban desde un consejo escolar hasta una lista para el Senado. Parecía claro quién tenía la pelota. Sin embargo, el escenario actual es diferente.

A medida que se acerca un nuevo proceso electoral, la sensación es que está llegando la hora de jugar el partido, pero ya no hay un único dueño de la pelota. Incluso podría decirse que algunos de los que hoy llegan con la pelota no son realmente sus dueños: simplemente se las prestaron por un tiempo.

En el barrio, cuando aparecían dos pelotas, la dinámica cambiaba. Se armaban dos partidos distintos. Algunos jugaban en la canchita principal y otros debían improvisar una cancha en la calle, marcando los arcos con piedras y deteniendo el juego cada vez que pasaba un auto.

Las condiciones eran distintas, pero ambos partidos existían y ambos generaban competencia. En política ocurre algo parecido. Hay espacios que juegan en la cancha principal, con más recursos, estructura y visibilidad. Otros deben construir desde lugares más incómodos, con menos herramientas y mayores riesgos. Sin embargo, todos participan del mismo proceso. Al final, los ganadores de cada lado terminan encontrándose.

Y allí aparece la verdadera pregunta política. Cuando llega la final, ¿para quién hinchan los que perdieron? ¿Apoyan al que los dejó afuera de la cancha principal? ¿Acompañan al que les ganó en su propio terreno? ¿O buscan una alternativa distinta? Ese es el desafío que enfrentan hoy quienes se consideran dueños de la pelota.

Porque ganar una elección o dominar una estructura no garantiza la adhesión de quienes quedaron en el camino.

Los liderazgos modernos ya no se construyen únicamente desde el poder propio, sino también desde la capacidad de incorporar a quienes fueron derrotados. La política argentina atraviesa una etapa de fragmentación y reconfiguración. Ya no alcanza con tener la pelota. Tampoco alcanza con jugar en la mejor cancha.

La verdadera discusión es quién será capaz de construir una mayoría cuando termine la primera ronda de partidos.

En la Argentina que viene, el poder ya no pasa solamente por ser dueño de la pelota. El verdadero desafío es convencer a los que quedaron afuera de que vale la pena alentar tu equipo.

Porque cuando llega la final, no gana necesariamente el que tenía la mejor cancha ni el que empezó el partido con más ventajas. Gana quien logra que la mayor hinchada se pare detrás de sus colores.

Y quizás esa sea la gran pregunta de esta elección: no quién tiene la pelota, sino quién será capaz de quedarse con la tribuna.