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El vecinalismo como nuevo paradigma social y político

6 Jun 2026 | Opinión

Por Facundo J. Zaldúa

Desde la vuelta a la democracia, surgieron alternativas políticas por fuera de los partidos tradicionales, orientadas al bien común local de cada distrito, la defensa de los intereses de los vecinos y el reclamo de una mayor participación de los municipios en las decisiones que inciden en el quehacer cotidiano.

Con la crisis política, económica e institucional del año 2001, luego del “que se vayan todos”, muchos nuevos espacios de corte vecinalista surgieron nuevamente para tratar de dar respuesta a un electorado “cansado” y descreído respecto de la clase política tradicional.

Históricamente, los partidos vecinales —o vecinalismos— fueron tratados como una expresión extraña de la política, quizás llamada a surgir en momentos de crisis y sin una definición ideológica determinada.

Los partidos grandes, de izquierda, derecha y centro, los “ningunearon” sistemáticamente y trataron de cooptarlos para licuar su participación, siendo usualmente absorbidos por las estructuras tradicionales.

Los vecinalismos cuentan con grandes dificultades para lograr permanencia en el tiempo: la falta de financiamiento político (ya que no se encuentran comprendidos en la ley de financiamiento político nacional y en la provincia de Buenos Aires no existe normativa específica al respecto), el costo de las campañas electorales, la falta de asignación de espacios publicitarios gratuitos y la eterna lucha de una boleta corta contra las listas sábana de partidos grandes, que generan un efecto arrastre que merma su caudal electoral.

Por esto, suelen aparecer y, con el tiempo, desintegrarse, reformularse o ser absorbidos por otras estructuras que sí cuentan con esos recursos.

Sumado a esto, se encuentra la cuestión ideológica. La política tradicional suele encasillar u obligar a estos espacios y a los electores a definirse dentro de tres grandes opciones: izquierda, derecha o centro. Y ahí aparece uno de los principales problemas, que quizás también sea parte de la solución.

La mayoría de los vecinalismos son espacios políticos democráticos, transversales ideológicamente, donde confluyen personas con distintos pensamientos. Los guía un objetivo común: mejorar la vida de los vecinos de su distrito.

Se trata de una política “de abajo hacia arriba”, con fuerte impronta pragmática, más orientada a resolver problemas concretos que a sostener discursos abstractos.

Esto hace que muchas veces se los tache de faltos de ideología, aunque también fortalece una concepción más pura de la democracia basada en el respeto, el consenso y la construcción colectiva.