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«Lo que pasa y
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Tiempos de Cercanía

9 May 2026 | Opinión

Por Facundo J. Zaldúa

Hace algunos años expresaba mi opinión en el artículo “El vecinalismo como nuevo paradigma social y político” sobre cómo el avance tecnológico y el desgaste producido por la concentración de poder dio lugar a un nuevo fenómeno social y político, e interrogaba si había llegado para quedarse y transformar la política.

El tiempo transcurrido desde entonces y los últimos procesos electorales han demostrado que, tanto a nivel global, regional como en nuestro país, la respuesta a aquel interrogante es: sí, se ha transformado la política y la forma de interactuar con los ciudadanos.

En primer lugar, el elector, fruto de ser un producto de la sociedad en la que vive, con muchas redes sociales, bombardeo mediático e informativo desde sus smartphones y computadoras, se adaptó al consumo efímero de información: precocinada, empaquetada, lista para usar, sin mayor detenimiento en la profundidad del contenido ni en la veracidad del mismo (de ahí el flagelo cotidiano de las fake news).

Esto, sumado a un electorado en aumento de nativos digitales y al acceso, a cada vez más temprana edad, a estos dispositivos, ha configurado un público o audiencia electoral más identificada al consumo de productos que de ideologías o partidos políticos.

En primer lugar, esto puede advertirse en la pendularidad de las mayorías electorales, como los casos de Francia, Italia, España o hasta Reino Unido, por citar algunos ejemplos foráneos.

En segundo lugar, se puede advertir en la fragilidad de la “pertenencia” a un espacio, tanto de la población como de los adeptos a tal o cual partido, como también en la conformación de los mismos, los partidos que los integran y sus discursos políticos en permanente cambio, en solo un puñado de años.

En su momento, con un claro sesgo subjetivo, planteábamos el interrogante de si el “vecinalismo” había llegado para quedarse. Hoy volvemos sobre la pregunta para replantearla: ¿la política de cercanía ha llegado para quedarse?

Y la respuesta, cada vez más clara y cierta, parece ser afirmativa.

Cuando uno analiza por qué una fuerza política que no tenía partido propio (LLA fue una alianza integrada por varios partidos menos conocidos que le brindaron su apoyatura jurídico-política), o que una persona que no venía del mundo de la política —un “outsider”—, o que un discurso con muy poco contenido doctrinario o ideológico y mucho más orientado a lo emocional y a lo que esa “audiencia electoral” estaba buscando, puede advertir que la política, o mejor dicho, las necesidades políticas de la sociedad han cambiado.

Esto no es solo un hecho aislado en nuestro país; basta con ver otras experiencias a nivel regional o internacional, en donde el votante oscila entre opciones claramente opuestas, pero no por un convencimiento ideológico sino por una necesidad del momento (sus miedos, sus sueños, sus límites, sus expectativas).